4to ANIVERSARIO SALVAJE ¡Descuentos en toda la tienda!

Q&A con Cava Garambullo

Cava Garambullo es una bodega en San Miguel de Allende fundada en el 2017 por Natalia y Branko. Juntos hacen vinos con mucha personalidad y usando técnicas tradicionales, y son pioneros en la producción de vino natural y vino anaranjado/ámbar en México. Son personas super relajadas y buena onda, pero cuando hablamos de vino con ellos, los conocimientos y experiencias que nos platican dejan ver la dedicación e inspiración detrás de su proyecto.

Así que nos juntamos con ellos para que nos contarán un poco más de su historia, experiencias, y de lo que significa ser un productor de vino natural en México.

 

SV: ¿Cómo se conocieron?

CG: Nos conocimos en el 2008 en el Valle de Loira, cursando una maestría en enología y viticultura. Branko es Biólogo y Ecólogo de Bosnia Herzegovina y yo (Natalia) soy Química de Alimentos de CDMX. Ambos obtuvimos una beca para irnos a estudiar nuestra Maestría en Francia en el programa de Master Vintage.

 

SV: ¿Cuáles fueron sus experiencias de trabajo antes de instalarse en México con Cava Garambullo?

CG: En producción y viticultura ambos tenemos experiencias en bodegas en varias regiones de Francia (Vouvray, Sauternes, Jurançon y Beaujolais), Italia (Trentino- Alto Adige y Bologna) y México (Chihuahua y San Miguel de Allende). Además del trabajo en producción, hemos hecho proyectos de investigación en viticultura y enología, viajes a más de 200 bodegas en el mundo,  y consultorías en enología, planeación de negocios vinícolas y desarrollo de maridajes a través del grupo VINOGRAD.

 

SV: ¿Cómo nace el proyecto Cava Garambullo?

CG: Cava Garambullo nace como una propuesta de vida y un espacio de libertad creativa que conjunte nuestros intereses principales. La idea surgió a su forma individualmente desde antes de conocernos, pero fue tomando la estructura que hoy día tiene, desde 2012 que nos mudamos a México. Buscábamos en dónde plasmar lo que habíamos aprendido en Europa, principalmente en viñedos orgánicos y bodegas de bajas intervenciones, lo cual en ese entonces no era nada fácil. Nos establecimos en San Miguel de Allende, empezamos a producir lo que se cree que fue el primer vino anaranjado de México y vinos tintos de fermentación natural. Tanto Branko como yo, seguimos diversificando nuestros ingresos y curiosidad por los siguientes cinco años, a través de nuestra consultoría, VINOGRAD, lo cual nos ha permitido nutrir nuestra visión de la región en la que trabajamos en una forma muy acelerada.

En una forma natural en 2017, se sumó todo lo necesario para arrancar nuestro proyecto, Cava Garambullo. Para ese entonces conocíamos mucho ya de la zona, de los diferentes terruños que habíamos trabajado, y si bien no teníamos nuestra propia tierra para sembrar nuestro propio viñedo, teníamos acceso a uva de muy buena calidad de amigos, clientes y viticultores que respetamos. Las ganas de empezar una línea enológica que nos permitiera atestiguar el trabajo que ya estábamos haciendo en el campo y seguir explorando el perfil de la región fueron el impulso inicial para decidir arrancar con nuestra producción.  

 

SV: Sabemos que también dan clases ¿cierto? ¿Ese es otro proyecto?

CG: Sí, amamos el tema de la educación y metodologías de aprendizaje. Ambos enseñamos en el tema de vinos desde 2012, tuvimos un proyecto de educación de vino que se llamó Vinamí, y hoy día dicho proyecto se fusionó con nuestras consultoría. Operamos todo a través de Vinograd.

 

SV: ¿Tienen actualmente viñedo propio? ¿Trabajan con agricultura orgánica o biodinámica?

CG: No tenemos viñedo propio, por lo pronto tenemos solo un viñedo es recuperación en el rancho en donde rentamos el espacio para la Cava de Vinificación. Es un poco menos de una hectárea, es orgánico y trabajamos con algunas prácticas biodinámicas. Estamos injertando de las viejas raíces, y en muchos casos replantando.

Trabajamos con agricultura orgánica principalmente, solo uno de los viñedos que trabajamos para nuestra uva de Syrah (la que va en Azumbre) es Biodinámico.

 

SV: ¿Qué significa para  ustedes ser un productor de vino natural? 

CG:Ser congruentes con lo que cada uno es, con nuestra familia, con nuestros amigos, con cómo vemos la vida, con cómo aprendimos a valorarla y por lo tanto a trabajar. Por otra parte, significa también dedicación, no nada más para seguir aprendiendo, sino también para afinar la sensibilidad necesaria para escuchar y hablar el lenguaje del vino. Sentir el ritmo de maduración, sentir el ritmo de la fermentación, de la extracción, del tiempo. La búsqueda de transformar y plasmar lo bello de este cultivo sin filtros. 

 

SV: ¿Cómo afecta otros aspectos de sus vidas?

CG: Ser productor de vinos sin intervenciones, es parte de un tejido de lo que cada uno de nosotros es, está en todas partes plasmado en nuestras vidas. Y nuestras vidas de alguna forma están también plasmadas en todo lo que creamos, es una vía de dos lados. Es un privilegio. Es ser testigos de mucha belleza y de mucha vida. Embellece nuestra cotidianidad. Nos hace trabajar también en nuestra paciencia, en nuestros ritmos. Nos empuja a estar abiertos, a reinventarnos, a soltar.

Dejar un comentario