Omar, El Lindero

 

Para Omar, el cerebro y las manos detrás del restaurante El Lindero, la cocina nunca ha sido un manual de reglas estrictas, sino un espacio libre. “Me gusta romper estructuras, jugar con texturas y sorprender al paladar”, nos cuenta. Cocinero de toda la vida y explorador por naturaleza, lo mueve la experimentación constante y esa búsqueda de frescura que también termina reflejándose en los vinos que disfruta.

Le preguntamos qué vino sería El Lindero si fuera una botella, y respondió sin dudar: “Un Chardonnay”. Aunque en su menú hay carne, siempre busca un equilibrio más sutil. “No me gusta que la comida sea pesada o grasosa. Prefiero que todo se sienta fresco y balanceado”.

Esa misma obsesión por la honestidad del producto fue la que eventualmente lo llevó al vino natural. Su primer acercamiento llegó viendo el blog de Action Bronson. En uno de sus viajes por París, el rapero/chef aparecía entrando a restaurantes gastronómicos con sus amigos, tomando vino natural de manera completamente relajada. “Me voló la cabeza verlos tomando Pet-Nat”, dice Omar. “Ahí pensé: tengo que averiguar qué es eso y probarlo”. Y así empezó todo: investigando, preguntando y buscando botellas por su cuenta.

Pero más allá del vino, lo que terminó atrapándolo fue la comunidad. “Siento que en el vino natural todos comparten. No se siente competencia, se siente hospitalidad”. Esa sensación la confirmó hace poco en un viaje por San Sebastián, perdiéndose entre barras de vino y recomendaciones espontáneas. “Comí increíble, descubrí vinos buenísimos y entendí que el vino natural y mi cocina hablan el mismo idioma”.

Para Omar, ambos mundos parten del mismo lugar: respeto por el origen, frescura y dejar que el producto hable por sí solo, sin disfrazarlo.

Y si le preguntas cuál es ese vino de Salvaje Vinos que le robó el corazón, lo tiene clarísimo: Orenji de Mas Foulaquier. “Es un vino complejo, súper interesante y fresco. Va cambiando todo el tiempo. Cada trago te cuenta algo distinto”.

 

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