OSCAR MANCILLAS

Óscar Mancillas llegó al vino por una amistad adolescente, botellas abiertas sin contexto y la curiosidad como motor. “Empezamos a tomar vinos muy buenos, sin idea de lo que estábamos tomando”, recuerda. Lucas D’Acosta y su familia fueron el primer punto de contacto. A los 17 años, Óscar entró a trabajar con ellos “para tener algo que hacer”. Y ya no salió.

Su formación fue paralela: universidad por un lado, trabajo en vino por el otro. Pasó por el área comercial antes de pisar el rancho, y más tarde cruzó la frontera para aprender vinificación en Ramona Valley, California, bajo la supervisión de Hugo D’Acosta. Ahí entendió que el vino también podía aprenderse desde la observación y la paciencia. “Mi aprendizaje siempre fue  muy libre. Hugo me decía ‘Si ves que empieza a fermentar, déjalo a ver qué pasa’.”

El interés por el vino natural llegó después, cuando Óscar se mudó a Europa con una necesidad más profunda: entender el porqué. Estudió un máster en enología en España, se obsesionó con la ciencia de las levaduras y con cómo estas transforman el carácter de un vino. “Me empezó a interesar mucho la influencia de la levadura en la calidad y en los estilos”, cuenta. En Francia, sin hablar el idioma, encontró su verdadera escuela: probar, probar y volver a probar. Los vinos naturales le revelaron otra dimensión. “La complejidad era mucho mayor que en los vinos convencionales”.

En 2017, en una bodega francesa, tuvo la oportunidad de hacer sus propios vinos. Así nació Radicante. Fermentaciones espontáneas, levaduras autóctonas, experimentación constante. “Me di cuenta que con la levadura autóctona es otra cosa totalmente”. Radicante no solo fue una línea de vinos, sino una idea en construcción.

El nombre surgió en un momento de intensidad personal y profesional: nuevos territorios, viñedos, relaciones. Radicante, como las plantas que echan raíces mientras avanzan. “Me la imagino como una planta: las raíces se van creando con relaciones, con viticultores y productores de diferentes partes del mundo”. Las primeras colaboraciones llegaron pronto, entre ellas Domaine Nada y, más adelante, una colaboración con Silvana Pijoan. Producciones mínimas, casi secretas, que con el tiempo comenzaron a consolidarse. A partir de 2023, el proyecto tomó forma con mayor claridad.

El regreso a México no fue un plan original. Fue una decisión forzada por la pandemia, por temas migratorios, por el cansancio de no estar ni aquí ni allá. Francia era el plan, y dejarlo dolió. “Sentí que estábamos despegando cuando ya no pude regresar”, dice. Pero México terminó de jalarlo de vuelta. Noel de Bichi fue clave. Adaptarse no fue inmediato, pero la fruta habló. “Estando aquí la calidad de la fruta me enseñó que hay muchas cosas que hacer”. Hoy, Óscar se muestra sorprendido y entusiasmado con los perfiles que ha logrado en el Valle. La cosecha 2025 lo tiene especialmente motivado.

Su visión del vino natural en México también ha cambiado. Llegó en un momento de transición, cuando el movimiento apenas tomaba fuerza. En 2021 todavía había risas cuando se servía vino natural mexicano. Hoy el panorama es distinto, sobre todo en ciudades como CDMX. “La gente se ha abierto a no solo probar tintos”, afirma. El nicho creció, se diversificó y empezó a exigir más.

Para Óscar, no hay marcha atrás en cuanto a seguir produciendo vino natural. “Mi condición para entrar a la vinícola donde estoy ahora fue que solo se hiciera vino natural”. Su mirada está puesta en la independencia: una bodega propia en Ensenada, cercana al consumo, con sentido logístico y emocional. La mayoría de su uva proviene de El Porvenir, una zona que quiere seguir explorando a fondo. También sueña con plantar viñedo en tierras familiares, conviviendo con olivos antiguos, sin arrancarlos.

Radicante hoy se divide en dos estilos claros: vinos más complejos y clásicos, como el Radicante Blanco y Clarete; y otros más frescos y desenfadados, como los Todos Contentos, pensados para el copeo, el aperitivo, la sobremesa. Pero incluso dentro de esa estructura, Óscar deja espacio para lo inesperado. Compra uva de regiones no planeadas, experimenta con técnicas antiguas. Entre ellas, un vino rancio que envejece al sol en damajuanas desde hace dos años. “Es un vino almendrado, con frutos secos, floral, mieloso… distinto al sherry”. Planea embotellar 40 litros en 2026.

Al final, su proyecto no busca cerrarse, sino seguir echando raíces. Como Radicante.

 

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